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Inquieto
como pocos artistas flamencos, José Soto,
"Sorderita", ha recorrido, a sus treinta
y siete años, un largo camino profesional. Cuando
era apenas un niño acompañaba como guitarrista
a su padre El Sordera.
Más
tarde fue miembro fundador de Ketama, y firmó
sus cuatro primeros trabajos "Ketama" (Nuevos
Medios, 1983), "La pipa de Kikf"( Nuevos
Medios, 1987), "Vente pa'Madrid" (Maxisingle,
Nuevos Medios, 1985) , "Y es ke me han kambiao los
tiempos" (Polygram,1990), "Pa gente con
alma" (Polygram, 1992) y en los dos encuentros
con la música mandinga llamados "Songhai
I"y "Songhai II" (Hannibal Records,
1987 y 1989) aunque decidió emprender su carrera
en solitario, acercándose de nuevo a sus raíces
musicales.
Siempre
dispuesto a buscar nuevos horizontes para la expresión
flamenca, ha dado ya vida, como solista, a tres discos:
"Motivos" (Nuevos medios, 1993),
"Mi secreto pirata" (Nuevos medios,
1995) y "El disco de la Niña Celeste"
(Nuevos medios, 1997), en los que se reafirma en su vuelta
al flamenco tradicional como fuente de inspiración
de nuevas posibilidades creativas.
Durante
este tiempo ha compaginado sus grabaciones con actuaciones
en directo por todo el mundo, así como ha componer
y colaborar con otros artistas, como Camarón de
la Isla, para quien compuso "Luna",
"Soledad" en el último trabajo discográfico
de Ketama, "De akí a Ketama", un
tema en el último álbum de Remedios Amaya
"Soy gitana".
En
1981 adapta los textos de Pessoa al flamenco, en "Pessoa
Flamenco", así como los textos de la Generación
del 27. Recientemente ha participado como productor en el
disco de Vicente Soto, "Entre dos mundos",
un homenaje al poeta José Hierro a través
de los textos de otros autores.
Sin
discusión es uno de los pilares del llamado nuevo
flamenco, un auténtico cantautor del cante jondo
que escribe, produce e interpreta sus canciones. El hijo
del gran Sordera está empeñado en un lograr
un flamenco vivo, que hable a la sensibilidad de los jóvenes
de hoy. Y lo consigue, con la pureza de la soleá,
sus alegrías, bulerías y otras piezas antológicas.
Nunca, por ausencia o por exceso, deja indiferente al auditorio
flamenco, en especial a aquel que le gusta llamarse joven,
renovador y mestizo.
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